Aprieta la canícula, el sol funde el asfalto… es verano en Málaga y se ha activado el habitual repertorio de conceptos para disfrutar de la estación (o sobrevivir a ella): vacaciones, descanso, olvidarse de la rutina, salir de casa. A los que últimamente el clima añade por imperativo categórico algunos más: refugio, sombra, aire fresco.
Inmerso también en esa dinámica estival, el Museo Carmen Thyssen se convierte en estos meses de julio y agosto en un poco de toda esa panoplia de asuntos: un destino vacacional (cultural), un lugar de relax o de entretenimiento, y en un excelente contenedor climatizado listo para acoger, con propuestas artísticas y de ocio muy variadas, a quienes quieran huir, siquiera por un rato, del abrasador exterior.
Si en cualquier momento del año nos sobran los motivos para invitarles a visitarnos, aquí va una checklist de razones veraniegas. ¿Nos vemos en el Museo?
Vacaciones en un exótico archipiélago
Este archipiélago no sale en los mapas, pero es fácil llegar a él. Está en la tercera planta del Museo. Es un territorio imaginario, que hemos creado a partir de la Colección Suñol Soler, uno de los fondos de arte contemporáneo más coherentes y completos de nuestro país. Lo conforman cinco islas, que son otros tantos conceptos centrales de la modernidad artística del siglo XX, y de la propia colección: individuo, naturaleza, esencia, signo y materia. Y lo habita una treintena de grandes pintores y escultores, como Picasso, Miró, Warhol, Braque, Arp, Gordillo, Hernández Pijuan, Palazuelo, Ràfols-Casamada, Miralles, Solano, Calvo, Tàpies y Zush, entre otros muchos.
Por cierto, es efímero, el 6 de septiembre a las 20 h desaparecerá. Hay que llegar antes.

Bajar el ritmo y el ruido
La propuesta es nuestra pero la atmósfera «zen» la pone el pintor malagueño Manuel Franquelo (1953 – 2024). En la veintena de obras sobre papel que exponemos en el Espacio ArteSonado (grabados y dibujos) el tiempo parece haberse detenido. En el estudio del artista, mientras miramos fascinados los objetos que se acumulaban en él, cubiertos de polvo, insignificantes, silenciosos, y sin embargo tan intensamente reales. O en Madrid, su ciudad de adopción, bajo una neblina en la que lo real se vuelve casi ensoñación, y donde, de nuevo, el silencio lo inunda todo.
Una invitación a reflexionar sobre lo efímero de la vida y a activar ese ritmo moroso de los largos días de verano.

Liberar las emociones
Si ya hemos hecho turismo en el archipiélago Suñol y hemos bajado las pulsaciones del día ante las obras de Manuel Franquelo, nos toca activar nuestro lado más emocional y dar rienda suelta a las pasiones (barrocas). Nuestros cicerones son Francisco y Juan Ribalta, maestros del naturalismo del siglo XVII y autores de las diez extraordinarias pinturas que han convertido nuestra Sala Noble casi en una capilla, con un cuadro espectacular, Preparativos para la Crucifixión de Juan Ribalta, en nuestro altar mayor.
Estas obras fueron creadas en el contexto de fervor religioso de la Contrarreforma, con el propósito de despertar los sentimientos de los fieles e incitarles a la fe. Han pasado varios siglos y los espectadores y el mundo han cambiado mucho, pero algo sigue intacto: emocionan hoy como entonces, con su intenso realismo, su dramatismo, y su retrato de sentimientos universales y atemporales.

Encontrar una buena sombra (y fresquita)
Aunque es algo circunstancial, porque los museos custodian las obras de arte con unas condiciones estables y determinadas de temperatura y humedad, podemos aprovecharlo estos meses. ¡Qué mejor refugio climático! Una luz más bien tenue, aire acondicionado fresquito (incluso para ponerse una chaquetilla) …
Y podemos estar un buen rato. Porque, además de las tres exposiciones temporales, es inexcusable visitar la Colección permanente, que se distribuye en tres plantas, con otras tantas grandes salas, dedicadas a la pintura costumbrista y de paisaje en España y Andalucía durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, de artistas como Lucas Velázquez, Fortuny, Sorolla, Romero de Torres, Anglada-Camarasa y tantos otros referentes de esa época.
Aún hay otra sala más, sorprendente por inesperada, con maestros antiguos de entre los siglos XIII al XVIII, y una soberbia Santa Marina de Zurbarán, que nos interpela con su mirada directa, mientras contempla la obra de los Ribalta, situada justo enfrente de este espacio.

E incluso podemos explorar el subsuelo del Museo, que desde marzo de este año es un yacimiento arqueológico visitable. Un viaje en el tiempo desde la calurosa Málaga del siglo XXI a la Malaca romana de entre los siglos I y V d. C. para conocer cómo eran la vida cotidiana y la actividad productiva y comercial de esta zona de la ciudad. Entonces, un barrio industrial ocupaba el terreno sobre el que ahora está el Museo. De él nos han quedado vestigios como la factoría de salazones, la domus (casa) y la fuente monumental que se pueden ver aquí. Y para que los vestigios del pasado nos hablen con más claridad, hemos recurrido a las herramientas del presente, con reconstrucciones 3D y realidad virtual.

Salir de fiesta
Como mandan los cánones veraniegos, cuando empieza a declinar la tarde toca hacer planes distendidos: sentarse en una terraza, ir a un concierto… Pero no hace falta salir del Museo; también tenemos opciones para estos ocios vespertinos.
Los jueves de julio y agosto, abrimos nuestras puertas con un horario especial, desde las 20 a las 23 horas, y de forma gratuita, gracias a la colaboración de Coanfi. Además de poder visitar la Colección, las exposiciones y el yacimiento, hemos programado visitas guiadas a Archipiélago, y el Patio central se transformará en una muy apetecible terraza de verano, con música jazz en directo.
Además, dos veladas flamencas (los días 10 y 31 de julio, a las 21 horas) y varias visitas teatralizadas inspiradas en la exposición de los Ribalta, completan una extensa programación para que este verano el Museo Carmen Thyssen Málaga sea un must en las agendas estivales de todos.
No se aceptan excusas. ¡Nos vemos en el Museo!
