Una vanguardia fugaz

Para el arte español, los años veinte y treinta del siglo XX fueron un período cargado de sueños de renovación, de esperanzas de un prometedor futuro en el que nuestros creadores se incorporarían, por fin, como protagonistas al devenir de las vanguardias internacionales con las que se había abierto la centuria. Y lo harían desde la construcción de un arte nuevo específicamente español, influido por el ambiente de modernidad internacional, pero elaborado a conciencia como una propuesta a partir de (y en reacción a) la tradición y con una identidad propia. Esas dos décadas fueron, sin embargo, un fugaz espejismo, que la guerra civil borró brutalmente. Con sus protagonistas en el exilio, interior o en el extranjero, fallecidos en algunos casos en la contienda, y, sobre todo, con el clima de efervescencia cultural que había estimulado las novedades interrumpido durante largo tiempo, la vanguardia no resurgirá, bajo las formas de la abstracción, hasta los años cincuenta. Pero esa es otra historia. La que cuenta Real(ismos) es la de aquel tiempo en que todo parecía posible y en el que nuestro arte fue muy moderno siendo realista y nuestros artistas reclamaron un lugar en el panorama internacional de la renovación. Hasta el 4 de septiembre este relato espera a nuestros visitantes en la sala de exposiciones temporales. A nosotros no se nos ocurre un plan mejor ahora que aprieta el calor. Estos son sólo algunos de nuestros motivos para no perderse esta cita en el Museo Carmen Thyssen Málaga.

Francesc Domingo. Espectadores, 1934

Cuando estuvimos a la vanguardia haciendo realismo

Aunque parece que al término «realismo» no le encaja el calificativo «vanguardista», sino que más bien ambos conceptos dan idea de dos realidades opuestas (la de lo tradicional y académico y la de lo nuevo y rupturista), el arte del período entre las dos guerras mundiales encontró en esa conjunción de nociones aparentemente antitéticas una nueva vía de exploración de la modernidad, marcada necesariamente por los primeros ismos del siglo XX. En España, en aquellos mismos años (en las décadas de 1920 y 1930), de todas las referencias de vanguardia que nuestros artistas conocieron ésta fue la que de forma más decidida y extendida les orientó hacia la superación del arte del pasado y a entrar de lleno en la senda de la vanguardia internacional.

Daniel Vázquez Díaz. Mujer de rojo, 1931 / Santiago Pelegrín. Mujer con huevos, 1929

Real(ismos) y realismo(s)

El título que hemos elegido para la exposición contiene sus dos claves principales. Hemos querido destacar que estas propuestas creativas, muy variadas, fueron otro movimiento de vanguardia más, otro ismo, el primero con el que en España se dio, además, un paso decidido hacia la modernidad, el verdadero inicio de un arte nuevo.

El término en plural incide en la gran variedad de lenguajes, realistas y modernos, pero con personalidad propia en cada artista, que conformaron este contexto. Porque estos realismos no fueron un movimiento organizado, sino un ambiente creativo que ofreció a los artistas un impulso de libertad y renovación.

Horacio Ferrer. Madre tierra, 1936

Una historia por descubrir

Perdidos en la marea del intenso siglo XX español, a la sombra de las influyentes trayectorias de los grandes genios y maestros del inicio del siglo o de la vanguardia española desarrollada fuera de nuestras fronteras, los nuevos realismos han llamado poco la atención y su apasionante historia visual estaba por contar y por reivindicarse. Con las 86 obras que hemos reunido en Real(ismos), el Museo Carmen Thyssen Málaga salda una deuda con nuestra primera vanguardia, poniendo en valor la relevancia del arte español de este momento, el papel catalizador de la modernidad que tuvieron los nuevos realismos y la necesidad de abordar este relato que hasta ahora ha sido parcial.

Benjamín Palencia. Altea, calle de pescadores, 1927 / Joan Miró. Paisaje de Mont-roig, 1916

52 artistas… y podían haber sido muchos más

Dar forma a esta exposición ha implicado decisiones y renuncias: ¿quiénes entran y quiénes se quedan fuera? Hemos contado con 52 nombres de artistas de procedencias geográficas muy diversas, consagrados o jóvenes, realistas convencidos u ocasionales, más apegados a la figuración «real» o al realismo mágico, seguidores de influencias italianas o alemanas…, un elenco impresionante, donde todos brillan: Dalí, Miró, Mallo, Togores, Oramas, Fernández Balbuena, Palencia, Bores, Ferrer de Morgado, Santos, Blanchard, Cossío, Sunyer, y tantos otros.

Pero la historia no se agota con ellos. Los nuevos realismos españoles se convirtieron, durante los escasos veinte años en que fueron la opción de vanguardia preferida, en el estilo de una pléyade de pintores, escultores y fotógrafos. Quedan hilos de los que seguir tirando.  

Josep de Togores. Los jugadores de billar, 1920 / Salvador Dalí. Retrato de Anna Maria, 1924

Figuras de cera en espacios sin aire

Tras la Primera Guerra Mundial, Europa quedó en stand by, impactada por la tragedia y expectante ante un futuro inmediato que acabaría conduciendo al mismo lugar, por segunda vez. Los nuevos realismos surgidos en esos años en Francia, Alemania e Italia retrataron esa nueva realidad bajo la forma de figuras de gestos congelados, ensimismadas e inquietantes, habitantes de un mundo en pausa, silencioso y asfixiante.  En España, neutral en la aquella guerra, los real(ismos) coincidieron con un período de libertad y efervescencia cultural. Sin embargo, su mirada al mundo se manifestó en los mismos términos, en figuras que parecen de cera o de plástico, en atmósferas sin aire, y en objetos de dudosa apariencia inerte. 

Ángel López-Obrero. Fábricas, 1934 / Gabriel Casas. Tres chimeneas, c. 1920-1939

Juego de espejos con la fotografía

En varios puntos del montaje hemos incorporado fotografías contemporáneas a las pinturas, esculturas y dibujos de la exposición. Las relaciones visuales entre todas estas piezas sorprenden por la proximidad en sus aspiraciones de volver a mirar la realidad. Y al igual que en el resto de las obras, numerosos elementos delatan en las fotografías su voluntad vanguardista: encuadres inesperados, iluminación efectista, objetos que parecen estar vivos, escenarios silenciosos, retratos ensimismados. Sus autores (Gabriel Casas, Antoni Arissa, Carlos Nyssen, Pere Català Pic, Ramon Batlles y Joan Artigues) se dejaron seducir por la nueva objetividad y la nueva visión europeas y situaron la fotografía española en una de sus primeras cumbres creativas.

Una exposición para cada visitante

Aunque el recorrido se divide en tres secciones, que responden a una sencilla ordenación por géneros artísticos (Espacios, Sujetos y Objetos), el montaje es una invitación para que cada visitante trace un camino propio a través del rico universo desplegado en la sala, descubra conexiones entre artistas y obras, saque sus propias conclusiones del panorama que se le muestra y disfrute, sin más, de las 86 pinturas, esculturas, fotografías, dibujos y grabados y su sorprendente realismo de vanguardia. Sin dogmatismos ni imposiciones, la visita es tan libre como el arte que muestra la exposición.

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