5 claves para visitar la expo de Juana Francés

La breve antología de la trayectoria creativa de la alicantina Juana Francés (Alicante, 1924-Madrid, 1990) que propone esta exposición –catorce piezas seleccionadas entre el largo centenar de obras que legó al Museo de Arte Contemporáneo de Alicante–, descubre a una de las artistas más sobresalientes del panorama español de la segunda mitad del siglo XX. Para comprender mejor su dimensión como creadora y la esencia del proyecto organizado en la sala noble del Museo Carmen Thyssen Málaga, os proponemos estas cinco claves.

Juana. Francés. Sin título, 1957
Técnica mixta, tintas y tierras sobre arpillera, 130,5 x 98 x 2,5 cm

¿Quién es Juana Francés?

Juana Francés es una de las artistas imprescindibles en el relato del vanguardismo español durante los años más grises de la dictadura franquista, fascinante en sus distintas versiones. Una pintora total, como informalista fundadora del grupo El Paso, pionera de la pintura gestual y matérica en España; y al cabo en la pintura figurativa como solista, anticipando la vanguardia crítica levantina de Equipo Crónica y Equipo Realidad (al margen de posibles conexiones internacionales para la cita: el art brut de Jean Dubuffet, la ironía neodadaísta de un Robert Rauschenberg o el arte povera). Más, Juana es una adelantada en la articulación de los excursos narrativos propios del arte conceptual: para referirse a la crisis del ser humano contemporáneo, dispone unas cajas negras que cobijan a seres construidos con objetos encontrados y ensamblajes tecnológicos: relojes, piezas de radio, tuercas, enchufes, bujías… un universo que es al tiempo pictórico y escultórico, y hasta performativo. Una vez pierde el interés por el trabajo sesudo sobre la condición humana, retorna con pasmosa solvencia a la pintura lírica, a la vertiente jovial del informalismo, con los llamados «fondos submarinos y cometas», pintura contemporánea en la onda de la nueva figuración madrileña de Carlos Alcolea y Carlos Franco, con Luis Gordillo como el más avanzado representante del automatismo psicodélico patrio. Y cuando recrea a través del gesto y del color el movimiento de los cometas en el aire y la vibración de la luz en los fondos submarinos, Juana es moderna como la que más. Su pintura, con respecto a la del resto de artistas de su generación, parece ir un paso por delante: recia en la ambientación tenebrista (años 50), en la recreación de texturas inusitadas (años 60), en la hibridación de materiales y técnicas (años 70) y poderosa también en los expansivos delirios de color de sus últimos años (años 80). Juana es tremenda, muy buena y versátil; en nuestro equipo siempre.

La sala noble es la casa de Juana Francés

En la más estricta intimidad, a media luz –la vida es un tango–, en un escenario elegante y lustroso ideal para la visita, como por arte de birlibirloque la sala noble del museo se convierte temporalmente en la casa de Juana. Ese espacio se ha diseñado para vivir una experiencia sensorial insólita: el encuentro con lo más selecto de una artista superlativa, como es Juana, en un formato siempre resultón, el de ‘piezas escogidas’. Esa estancia se ha pensado para impresionar a los visitantes, con la imponente pintura informalista de gran formato en primer lugar, en la que mandan el signo gráfico y la materia. Porque en los dominios del informalismo, donde se celebran las cualidades físicas y espirituales de la pintura, Juana se mueve como pez en el agua, en la monocromía y en el color fluido. Y se maneja con soltura, a pesar de la timidez, incluso en el discurso humanista, en la crítica velada en los tiempos de la censura. Se trata de una artista de infinitos recursos, capaz de muchas cosas, que se transmuta en una pintura de apariencia salvaje y en esencia delicada. En la casa de Juana podemos disfrutar (venciendo la tentación de palpar las obras), hasta el 19 de junio, el resultado de toda una vida de creación con las entrañas y el buen gusto. De entre los bienes más preciados de Juana, catorce ‘piezas escogidas’ que juntas componen un remedo de autorretrato. Una exposición de gabinete con un repertorio selecto: Juana esencial, una propuesta que garantiza pasar un buen rato. Porque lo que de ella en grado sumo apabulla, en su justa medida resulta deslumbrante, siempre.

Juana Francés. Sin título. Serie Fondo submarino, 1981
Gouache sobre papel, 50 x 72 cm

¿Es Juana Francés un modelo feminista?

En puridad, Juana Francés no quiso referirse a su obra en términos de género, evitaba el uso de mujer artista para no contribuir a poner etiquetas, pues eso –así lo consideraba– es lo que verdaderamente discrimina. Que ella firme con un indeterminado «J. Francés» todas sus obras debería servir como punto de partida para un certero perfil de su personalidad y de las circunstancias que vivió, no puede tratarse de una mera anécdota. Desde una perspectiva feminista, tampoco debemos pasar por alto que en la España de la década de los cincuenta o sesenta del siglo XX el hecho de ser mujer y desarrollar una brillante carrera profesional es un caso de éxito único, y como tal digno de análisis. Además de referente histórico artístico, Juana Francés encarna a priori los principales valores feministas: igualdad, autonomía, libertad y talento, factor discursivo esencial en los recientes estudios monográficos sobre su obra; hasta hace poco despachada de modo condescendiente, como una escasa línea en la biografía de su compañero, el escultor Pablo Serrano, o como figurante en el reparto de papeles para los primeros episodios de El Paso, allá por 1957. Si como arquetipo feminista contribuye a la visibilización del talento que se expresa libre, autónomo, y si sirve para promover la reivindicación pública del mérito y esfuerzo de las pioneras, o si participa en la revisión de un canon obsoleto del arte español, en forma, como ahora, de pequeña antología, bienvenida sea, siempre.

Juana Francés. Sin título. Serie Cometas, 1985
Gouache sobre papel pegado a tabla, 64,5 x 49,5 x 4 cm

Una artista que huye de la zona de confort

Ponderado el estilo de Juana Francés a lo largo de su trayectoria por influyentes críticos (Eduardo Westerdahl, Román de la Calle), glosado por reputados literatos (José Hierro, Gloria Fuertes, Camilo José Cela), ella no cae en la autocomplacencia de lo bien hecho y dominado. Avanza, experimenta, se atreve a pintar con elementos no pictóricos y en la adición al lienzo de objetos encontrados o material de construcción. Persevera en una obra en constante evolución, atravesada aquí y allá por la perpetua dualidad: arte reflexivo o goce estético. Juana se entrega a su obra, introspectiva y emocional en su vertiente informalista, con una honda preocupación por el destino del ser humano moderno en su etapa más escultórica y conceptual, o, en un capítulo final pletórico, una pintura pura e inspirada. Juana es una pintora muy completa que desdeña complacer a todos, un constante desafío consigo misma. Una artista valiente, dispuesta a dar el siguiente paso, que no se arredra ante el riesgo, a la vanguardia siempre.

Sorprende en las distancias cortas

Juana Francés es mucho más que pintura espiritual de grandes formatos en los primeros tiempos del informalismo en España, quizá lo más reseñable en el examen de su curriculum vitæ artístico. Para empezar, trabaja con una paleta suficientemente amplia, capaz de mudar de piel y pasar de las tonalidades austeras y terrosas de su juventud, al sensual colorido informalista sin complejos de la edad madura. Cuando Juana dice «yo me defino en la obra» toma la palabra la artista exigente y honesta que entiende la creación como compromiso personal y catarsis. Pero es en las distancias cortas donde más sorprende Juana. Ahí se confirma su dominio técnico del oficio, su magisterio: la destreza con que usa la tierra en combinación con el acrílico, los imbricados dispositivos para acentuar la expresividad (soportes de arpillera, pintura densa a chorreones, vidrios, ladrillos, tuercas, bujías…) y la mano certera para que el dripping fluya con delicadeza por el papel. Un arte que a cierta distancia es propicio para la introspección meditativa, pero que visto de cerca define aún mejor a su autora, alguien que prefiere expresarse a través de su obra y que necesita pintar siempre.

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