“Paul Strand. La belleza directa”. Las claves de una fotografía única

Haciendo un balance de toda su trayectoria, tras más de seis décadas fotografiando con una mirada singular el mundo que lo rodeaba, decía Paul Strand que se veía a sí mismo «como un explorador que ha pasado su vida en un largo viaje de descubrimiento». En nuestra exposición –que se podrá ver hasta el próximo 6 de marzo y que hemos organizado gracias a nuestros amigos de Fundación MAPFRE–, hemos querido animar a nuestros visitantes a viajar y explorar con este extraordinario fotógrafo, siguiendo sus pasos desde su Nueva York natal hasta el jardín de la casa en la que terminó sus días, cerca de París. Entre ambos lugares, 131 fotografías recorren un universo personal, de paisajes, rostros y arquitecturas que sorprenden por su aparente sencillez y deslumbran por su riqueza oculta en cada encuadre y detalle.

Estas son solo algunas de las razones por las que a nosotros nos fascina esta exposición. Para invitaros a venir a visitarla, nos sobran los motivos.

Porque Strand es un must de la fotografía moderna

En la historia de la fotografía del siglo XX, la obra de Strand podría haber sido una rareza, ajena a corrientes de moda y comprometida siempre con un ideal personal. Pero su papel en la configuración de un lenguaje propio y moderno para una expresión artística joven, nacida a mediados del XIX, y esa mirada nítida que alimentó la llamada Straight Photography (fotografía directa), hacen de él un pionero de la vanguardia fotográfica y una figura clave e influyente en el desarrollo de este arte.

Por mirar sin ser visto

La de esta fotografía es una belleza directa, en la que todo parece captado tal cual se mostraba ante la cámara, sin artificios ni más pretensiones que retratar la vida anónima de los lugares que visitó y fotografió con una sinceridad incontestable. Y así lo hizo en sus primeros retratos, como el de la Mujer ciega (1916) o los tomados en México (1932-1933), «robados» con un artilugio ante el objetivo de la cámara que le permitía fotografiar a sus improvisados modelos sin que estos sospecharan ser el objetivo de sus instantáneas.

Porque cada foto es inagotable

En su aparente sencillez, cada foto es un microcosmos de texturas y matices que revelan a un fotógrafo minucioso, obsesionado con la perfección de los encuadres y detalles, buscando el momento y el lugar exacto para fotografiar una cuidadosa puesta en escena donde elegía incluso la indumentaria que visten sus modelos, sus gestos, poses. Para hacer más real lo real, si cabe.

Porque es imposible dejar de mirar

La fotografía es un juego de miradas. Lo que el fotógrafo ha visto a través de su cámara lo observamos nosotros en imágenes impresas en papel. Y en medio, la realidad, atrapada para siempre en un instante congelado: Nueva York vista en 1924 desde los tejados y convertida en una red de formas geométricas, el rostro del joven retratado en Gondeville (Francia) en 1951, el frío de las Islas Hébridas en los paisajes despojados que Strand visitó en 1954, o la juventud de Ghana ansiosa de libertades y progreso que encarna Anna Attinga en 1964.

Porque los otros también importan

Uno de los aspectos más determinantes de la fotografía de Paul Strand es su conciencia social. Documentó la pobreza y la condición humana en el contexto urbano y rural con una formidable empatía. La mirada del fotógrafo no se recrea en el sufrimiento ni se muestra condescendiente, sino que destaca la dignidad y el orgullo de los más desfavorecidos.

Porque en Nueva York empezó todo

A Strand le fascinaba el cine y se dedicó a él con asiduidad. Incluso creó su propia productora, Frontier Films, con la que pudo realizar varias películas en las que su compromiso social es fundamental. La fotografía acabó siendo su actividad principal, pero mantuvo siempre la mirada del director de cine que ve las imágenes como una sucesión narrativa. Sus primeros experimentos en este campo los mostramos con Manhatta, que filmó en 1921 en las calles de Nueva York con el pintor y fotógrafo Charles Sheeler

Porque la propia sala es una experiencia  

El montaje de la exposición se ha planteado siguiendo una secuencia cronológica que permite conocer toda la producción de Strand, desde sus primeras fotografías más experimentales, tomadas en Estados Unidos en la década de 1910, hasta las últimas, realizadas en los años setenta en Orgeval (Francia). Desde un principio y un final que parecen cerrar un círculo perfecto, con motivos y encuadres muy similares, separados por setenta años de carrera artística pero que testimonian la fidelidad del fotógrafo a su concepto creativo.

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