Intrusos

Seguramente es de todos conocido un juego de lógica que consiste en identificar el elemento que no encaja entre los de una serie relacionada por algún criterio común, en encontrar al «intruso» que se ha colado en un contexto al que no pertenece, en el que no tiene sentido y resulta chocante, llamativo, extraño, incomprensible, anacrónico…

La Historia del Arte nos ha legado muchos y muy jugosos ejemplos de artistas que han jugado, voluntariamente o no, con el espectador a su particular «Encuentra a Wally», por ejemplo aquellos que se han autorretratado o han retratado a otros colegas en cuadros en los que su presencia no viene a cuento con lo que se narra o representa. Y en algunos casos lo han hecho tan bien, de forma tan sutil y sibilina, que ni siquiera nos habremos percatado aún de que hay intrusos que siguen esperando ser desenmascarados.
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Sopa de letras (II)

En una anterior entrada intentábamos explicar cómo afloró el texto en las obras de arte de las vanguardias tras los quinientos años de hegemonía cortesana, eclesiástica y académica en Occidente. Aquel fenómeno, un combate por la liberación de un nuevo concepto de belleza, tuvo distintos agentes y focos a lo largo del siglo XX. Y el resultado es indiscutible: las bellas artes, convertidas hoy en artes visuales, no sólo admiten la contaminación gráfica –ese pelo en la sopa–, sino que utilizan sistemáticamente el texto como una herramienta estilística de primer orden.

Como ya apuntamos, en el origen de esa manifestación hay un factor determinante: el trabajo que realizaron los diseñadores de carteles en París a finales del siglo XIX, durante el periodo de la Belle Époque –Toulouse-Lautrec, Grasset, Chéret, Steinlen, Mucha…–, pues ellos contribuyeron a dotar de sentido artístico una disciplina publicitaria de naturaleza efímera y surgida con el desarrollo de la cultura de masas.

Steinlen

Théophile-Alexandre Steinlen, ‘Tournée du Chat Noir’, 1896. Litografía. Colección Joseluis Rupérez

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Sopa de letras (I)

Durante siglos los artistas evitaron la contaminación de la escritura en sus obras. Las imágenes se mostraban desnudas al espectador y era éste quien debía interpretar su significado, quizá con la ayuda de alguna pista dejada intencionadamente por el creador o por algún erudito empeñado en resolver el misterio. Durante siglos arte y texto no compartieron mesa y mantel, y cada cual gestionaba su espacio y pagaba su cuenta, hasta que en un momento concreto, a finales del siglo XIX, la cosa cambió.

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Casas y Rusiñol a través de Picasso. Cruces de personajes en 1900

El mismo año en que el viejo siglo cambiaba su nombre realizó Picasso numerosos retratos. Con la sagacidad creativa y rapidez con que se prodigó siempre su mano, representó una amplia galería de personajes; abocetados, irónicos, decididos, balbuceantes, pensativos… los rostros emergen y toman vida a partir de su trazo firme. Los personajes elegidos pertenecen a su entorno más cercano, toda la panda que se reunía en Els Quatre Gats, café abierto en junio de 1897 y lugar de exposición, la primera de Picasso, de esta peculiar serie. Como ya hiciera Casas, quien ejecutó más de cien dibujos de personalidades relevantes de su época, el malagueño replicó al catalán con la misma técnica y representando a su grupo más cercano, el malogrado Carlos Casagemas, Ángel Fernández de Soto, el sastre Soler, Jacinto Reventós, Ricard Opisso, Mateu Fernández de Soto, Ramón Pichot… además acometió el menú de esta original taberna situada en los bajos del gotizante edificio de Puig i Cadafalch. Y junto a sus amigos, varios retratos de Rusiñol, uno de ellos con los cipreses de la granadina ‘Glorieta verde’ de fondo, tal como el pintor catalán lo había empleado en el cartel de su obra Fulls de la vida, de 1898. Este dibujo de Picasso fue publicado en Arte joven el 31 de marzo de 1901. Para el malagueño 1900 fue un año de declaración de intenciones, pues aun dejó constancia de su admiración por el Greco en breves dibujos. El pintor había sido puesto en valor, entre otros, por Zuloaga y Rusiñol.
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Diario de una expo: 3. Inauguración

Hoy es el día D. Un último vistazo… y sí, todo está listo.

A media mañana nos vamos al auditorio del Museo, llegan los medios de comunicación, y la baronesa Carmen Thyssen-Bornemisza, presidenta de nuestro patronato, el alcalde de Málaga y la directora artística del Museo y comisaria de la muestra presentan la exposición Casas-Rusiñol. Dos visiones modernistas. Subimos a verla. La prensa y varios prestadores que han querido acompañarnos en este día son los primeros privilegiados que la disfrutan. Ha sido solo un preview, pues, por fin, a las 20.15 horas del 13 de noviembre de 2014, inauguramos nuestra última gran exposición del año, ante numerosos invitados. Courbet, Van Gogh, Monet, Regoyos y El Greco nos han acompañado en estos meses pasados, y hasta el 1 de marzo de 2015 lo harán Casas y Rusiñol. Bienvenidos sean. Continue reading

Diario de una expo: 2. Montaje

Hoy las cincuenta y dos obras que van a participar en la exposición llegan al Museo. Después de muchos meses de trabajo, el proyecto empieza a hacerse realidad, a pasar del papel a las salas.

La empresa de transportes especializada que hemos contratado ha recogido las obras de casi una treintena de prestadores –museos y colecciones particulares- que, con gran generosidad y entusiasmo, colaboran con nosotros en este proyecto; y las trae al Museo en un camión, adecuadamente preparado para trasladar su valiosa carga en las mejores condiciones. Continue reading

Diario de una expo: 1. Proyecto y planificación

Durante esta semana, y mediante tres entradas diferentes en este blog, os mostraremos cómo hemos realizado la exposición Casas–Rusiñol en el Museo Carmen Thyssen Málaga. Se trata de haceros partícipes de nuestro entusiasmo y de que veáis, a través de una serie de galerías fotográficas, lo que se cuece entre bambalinas. Todos los profesionales del Museo se han volcado en este proyecto, como todos nuestros colaboradores se afanan en hacernos más fácil nuestro trabajo. Esperamos que os guste.

Contenido

En la organización de una exposición se recorre un camino sinuoso. Todo empieza con una ilusión que poco a poco va tomando forma. Estudiamos a fondo el tema a tratar, elegimos las obras que formarán parte de la muestra, contactamos con las instituciones o personas que las poseen y gestionamos los préstamos. A continuación vamos acotando las primeras pautas del proyecto, título, fechas, número de obras, textos e imágenes del catálogo, colaboradores. Realizamos las primeras reuniones de trabajo y planteamos los primeros planos con la ubicación de obras en la sala.

 

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Un mes para descubrir el paisaje

Cada martes entre el 18 de febrero y el 18 de marzo tuve la suerte de asistir a una serie de conferencias que nos ofrecía el Museo Carmen Thyssen de Málaga. Un curso monográfico, formado por cinco conferencias y una visita guiada de la exposición, al alcance de cualquier persona interesada en el mundo del arte.

Como estudiante de Historia del Arte puedo afirmar que el curso ha cumplido su finalidad de mostrarnos la evolución del paisaje. Tengo que aplaudir a todas las conferencias en general, hemos tenido el placer de escuchar a profesores de arte, directores artísticos, directores de museos e historiadores del arte, sin duda una combinación más que acertada para tratar un tema tan importante como la evolución del paisaje.

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Córdoba en tiempos de Julio Romero de Torres

Corrían los últimos años del siglo XIX, cuando la ciudad de Córdoba vivía una intensa reforma urbana y social; la llegada del ferrocarril a la capital en 1859, provocó un notable progreso hasta el punto que la clase burguesa, promovió las obras del Ensanche del Gran Capitán y los Jardines de la Victoria, dando a la ciudad un aire más cercano a las ideas de la Ilustración, muy a la moda entre la aristocracia de la época. Así mismo, a mediados del mismo siglo, se derribó la muralla que cercaba el casco urbano desde época romana, en aras de la Modernidad; de otra parte se comienzan las obras del Murallón, que evitaría las avenidas del Guadalquivir, que tanto daño causaron en la ciudad, proyecto que tardaría más de un siglo en concluirse, desde finales del siglo XVIII hasta principios del siglo XX.

Córdoba era una ciudad en continua transformación; mientras, en una casa de la plaza del Potro, nuestro pintor, Julio Romero de Torres, vive ajeno a todo aquello que acontece a su alrededor; seguramente al salir de su casa se encontraba esa ciudad levantada en obras, pero Julio, como quien no quiere tomar conciencia de su momento, quiso reflejarnos en sus cuadros esa Córdoba Eterna, la de todos los tiempos, la del río Guadalquivir que pasa susurrando por la ciudad, la de ese Arcángel San Rafael que, desde lo más alto de su Triunfo, custodia y protege a los cordobeses, la de esa torre de la Mezquita que, con su imponente verticalidad, desafía al cielo de Andalucía, la de ese puente romano que ha sido testigo de los últimos dos mil años en la ciudad;  la de esa plaza de la Fuenseca, donde parece que el tiempo se detiene; o la de esa Calleja de las Flores, donde el silencio es la mejor melodía, sólo roto por las campanas de algún convento que llaman a la oración de vísperas,  al atardecer sobre la ciudad califal.

Córdoba, ayer, hoy y siempre eterna, donde aún hoy dicen que se ve el perfil de Julio Romero, paseándose por la Ribera, con su capa española y su sombrero cordobés; donde las mujeres conservan esos rasgos castizos y andaluces que bien retrató el pintor; Córdoba de semejanzas y contrastes, cosmopolita y provinciana, que mantiene su mirada firme en el pasado, cuando llegó a ser la capital Al Andalus y todo un referente en Occidente, pero que mira hacia el futuro a la vez. Ciudad para encontrarse con uno mismo, para enamorarse, para dejarse llevar e inundar por la sensaciones, ciudad que hechiza y te cautiva desde el corazón; y es que como reza un lema en el patio de su casa: Julio Romero de Torres “supo plasmar en los fondos de sus cuadros y en los ojos de sus mujeres, toda el alma de la ciudad”.